viernes, abril 28, 2006

BUSCANDO EL TIEMPO

Me mostraste el papel justificando el retraso, y dijiste que esto sí que era ajeno, te paraste derecho, moviste las manos abriendo las palmas y una sonrisa creíble, esperando el primer acercamiento.
Hacías precisamente lo contrario a mi gusto. Odio esperar – te había dicho -.
Atraje tu cabeza para saludarte con una mordida, urdida sin rigidez, aunque lo pienso... y debería haberte roto el labio.
Conducías rápido y yo miraba hacia fuera, como distraída y molesta, sin estarlo.
Me observabas con sigilo mientras el semáforo nos detenía. Carraspeaste para preguntarme si había caminado mucho, si estaba cansada y desde qué hora a brazos cruzados te esperaba, no esperé mucho en realidad, pero no hablemos de eso –indiqué mirándote fijo -.
Callaste y tus labios torcidos en una sonrisa a la izquierda me convencieron de que valdría la pena.
Jugaba con mi pelo a decidir lo más inquieto, la cola o el revoltijo ‘aleonado’, y en eso sacaste la voz, bien, tú dime soy tu chofer y panorama. Pero que aburrido... pensé... mientras estacionabas frente al edificio. Si quiero la experiencia distinta, doblémosla agradable, asentí medio en pregunta.
Conduce hasta la que fuera casa de tu tío, la ‘inconfundible’ que ahora es Pub, si te importa poco y quieres continuar para mí el tiempo será ‘nada en contra’ ni detendrá ‘el impulso’.
Doblaste hacia el destino. Nueve menos veinte... y la gasolinera parecía por estética un mal chiste dentro de una carretera transitada como esa. Saqué un cigarrillo y lo encendí abajo para estirar las piernas y distraer los nervios, intentaba sujetarlo en la boca para sacarme la parka tirando de las mangas, te pedí que me esperaras tres minutos y me mirabas sin hacer gestos, no sé si como amedrentándome o al revés cuidando las impresiones. Me abrasaste como si fuera lo de siempre, y mi tronco se escondió en tu pecho. Mi ¡vamos!, alejó los cuerpos... y la tibieza siguió el camino en cuesta.
Querías parar en cada quebrada y el verdor nos deslumbraba, los ojos respiran el paisaje, aquí es así – te lo había advertido -.
El Valle es en verdad muy hermoso, ¿arrendemos caballos?, sí claro aprovechemos –dije - acompañando tu mano.
Me encanta cabalgar aunque no es algo habitual. Era una marcha lenta, esquivábamos ramas de madroño, bambúes y acantilados de diez centímetros.
Lleguemos a la falda del cerro; hay un río pequeño, hermoso, para que los caballos descansen y beban. Y dijiste que era mí día.
Sé que querías hablar, en rededor todo era quietud y naturaleza sin gentes, querías descubrirme, tomar mi pelo, tocar mis hombros sujetarme con fuerza y convencerme de que estabas ahí y que era la hora y el minuto exacto. Desmontamos, fijaste ambas riendas con seguridad al tronco de un roble y me cargaste hasta una loma verde y pura.
Por fin decías y escuchaba tus palabras respirar besos sobre mi nuca, y acariciabas mi frente, entre risas me camuflaba en tus palmas enormes.
Diez minutos, observando la Cordillera y pensando en que el frío no existiría. Y empezamos a conocernos... siempre contando mis secretos sobre tu pecho... y tu llamándome por mi segundo nombre.
Y ya no estabas tras mi espalda... ahora estabas bajo mis pechos sucumbiendo... rozándome en tu barbilla y robándote besos antes de una respuesta que me retuviera.
Y tus ojos extasiados brillando, y mis caricias que bajaban por tu pecho... tus manos en mi pelo que saltaban por mis muslos lado a lado.
Las venas henchidas y las lenguas humectándolo todo con palabras y silencios, con jadeos y caderas empujando respuestas. Una cremallera enemiga y un botón como obstáculo... y lentamente llego hasta sentir una calidez que es mía, te toco recto e invencible, y los besos y la saliva desde adentro brotando como miel... para besos profundos... y una piel que se agranda y unos dedos que trabajan sin prisa, me muevo en armonía sin ocultar el deseo entre la piel, una espalda arqueada y un suspiro quejumbroso que revienta las ganas y mis pupilas que se agigantan y la lengua que danza arriba abajo... al lado, tus pliegues sudando mientras destilo porque me lleves...

jueves, abril 27, 2006

CRUDO



Más fuerte te decía con los dientes agarrotados
entre tus dedos....
y el dolor color sangre........
Mientras el cartílago cedía a tus embestidas
fieras;
Tu pubis contra mis ancas desafiaban el ritmo.
Tu dedo húmedo retorcía mi pezón altivo que parecía resistir la persuasión ligosa y obscena.

Tu lengua cascabel
recorría mi cuello quebrado en escalones;
como obligándote a descender con prisa
y sacar un juego de índices y pulgares vueltos tenaza.

Cambiaba el cuadro como reflejo de suelo...
boca arriba derramaba gritos irónicos
ahogando tu aliento entre llave de piernas cruzadas.

La boca seca y el sexo convulso,
tus brazos quebrando escapismos,
yo atrapándote entre mi costado en llamas.

En el aire tus pies afirmando la danza,
mis uñas se enclavaban,
y un beso laceraba sellando el encuentro.

Aunque no me hayas prometido nada ni pretenda
Repetirlo mañana.

martes, abril 25, 2006

HÁBITAT PARAÍSO (MUY RURAL)




El intrépido jinete de ríos y paisajes perpetuos cambió ruta
esquivando caudales empedrados y bajos de arena gruesa.
Se ciega desde la piel hasta los oídos, ahogado en el torrente cristalino...
Es momentáneo, hasta que desemboca por fin y cabalga sobre rosas de mar.
Guitarras, suenan guitarras, palmas y zapateo de furia amando.

¿Te piso extendido, prefieres recto inquebrantable?
Seré destino persistiendo fundirme en tu tránsito;
llegaré hasta tus brazos para balancearme en tranquilidad aérea...
Volaré para protegerme en tu espesura bosque –encantado,
he de encontrar la fuente que reservas alimentado de mi hilo oasis de montaña, azul cercana.
Seguiré brotando flores, prados, frutos renovables, manantiales eternos, paisajes protegidos por dos fieles guardianes
A un pueblo de distancia.

sábado, abril 22, 2006

UN NUEVO LUGAR




Tal vez no está mal proseguir con ‘cortos relatos tontos’, a buen autoconsejo, el lapicillo de carbón piedra decidió bajar, de paso terminó arrancándome un padastro, y la primera consonante que volví a escribir fue en gama ébano, bien linda, artística la puta madre.
Poco tiempo duró mi reposo en la mediagua de un techo para chile que a costo de guiños en el Municipio conseguí, es cierto que junto a Joe Príamo bailamos en su piso sin pulir, no fue la alegría linda del último bals, más me sentí contenta, tres meses para una hermosa y suficiente estadía, pero él me conoce, había un terreno tan mono junto a un estero...
El Sábado pasado, me puse la ropa más colorinche, una minifalda delgada, unas medias enrejadas negras, que me tuvieron riendo más de media hora, hasta creía que me iba a ahogar, ahí hincada orinando en la bacinica no paraba de carcajear, hasta que miré mi reloj, me hice la seria, me sequé con un papel higiénico azul, el que más tarde me trajo gratis un prurito casi sarnoso, bien, siguiendo la ruta de las cabras, violácea, con un cigarro de chocolate en la boca esperaba en la pista a algún chofer panzoncito para pedirle colaboración urgente.
El Gordo de pirula cortita, muy simpático él, aunque olía a frituras, tenía manitos suaves, turgentes como empanadas de horno, tomaba mis cabellos mientras yo le hacía un aseo casi quirúrgico, prefería que oliera bien, y supiera a nada, antes de probarle la menudencia.
Luego lo serví. Al otro día lo tenía colaborándome a mí. Los vecinos fortachos me ayudaron con diligencia, a la llegada de Joe Príamo las paredes de nuestra casa lego estaban ya sobre la rampa del camión de mi compinche, un cuadro plástico y una performance de toplera fueron suficientes para motivar la cooperación, a las dos de la tarde tenía lista la carga, el colchón de agua se lo regalé a la vecina Erminda que se quedó feliz de que me haya ido del barrio, más que por el regalo, desconocía que en una esquina había una mancha de humores y efluvios de su querido hijo y míos respectivamente (no pienses mal, era un huevón viejo), tengo su teléfono, el aparato, no el número, el estúpido me lo regaló para ubicarme, cuando estuviera ya lejos.
Al cabo de seis horas viajando y de peajes auspiciados por Gordito llegamos al lugar, mi botérico amigo estaba dispuesto a ayudarme más de la cuenta y Joe Príamo que me siguió como perro faldero trabajó arduamente hasta que por fin lograron parar todos los paneles de mi residencia de bloques (no de colores).
Era un barrio más exclusivo, y vecinos, ¿vecinos?, solo los había pasada la carretera, al otro extremo del estero mal oliente (juro que hedores yo no percibí, esa fue apreciación de Joe), ahí estaba yo; feliz de este cambio de pelo.
En acto de caridad le brindé a Fofito unas cuantas caricias en su exiguo falo, dichoso se fue cantando una cumbia de su agrado.
Joe Príamo casi vomitaba cuando peludos y colilargos cuadrúpedos pasaban por la terraza, yo hasta me alegraba un poco, pensaba en que eran iguales a los animalitos que aparecían en el escudo de la nación (Por la Fuerza de la Razón), me sentía inquilina célebre, compartiendo paisajes con especies según yo en vías de extinción, es que Joe P., es a veces muy pesimista.
El miércoles desayuné zumo de mandarinas, no se porqué el jugo era tan ácido, tanto así que no percibí su dulzura, me comí una rebanada de pan negro y escuche algo de Verdi mientras tomaba sol en el prado de mi propiedad, por cierto, trataré de adornar la casa con nuevos aires, tal vez vengan a darme la bienvenida, y yo en pijama, lo otro es que reciclé algunas cosas que darán sin duda el toque minimalista que tanto me place.
¡Qué rabia, J.P. dice que el pan que comí era de molde pero mohoso, que el jugo que tomé era de un limón que se estaba poniendo azul, que la música solo estaba en mi mente, el idiota husmea mientras escribo con mi Parker de lujo, trata de corregirme para que no mienta, y dice el muy imbécil que el día está tan gris como el smog sobre nuestra región ¿por qué tan agorero?!.

miércoles, abril 19, 2006

LA PARRA



El destino trajo un nuevo catador de chicha dulce y picante (estrujada en puño), previa eliminación de orujos y todo el rito, la posada clandestina se ubicaba en los recodos del pueblo, y para los cortesanos simplemente en los arrabales, tras la parroquia (secreto a voces).
La joven administradora de senos generosos como toda buena tabernera mandó a limpiar las cubiertas de sus mesas asimétricas, ordenó sacar vajilla nueva esperando al comensal exigente que supuestamente abordaría el sitio no sin antes inspeccionar con nariz respingada y guantes de seda.
Saludó la Mujer al forastero 'potencial cliente'... supremo, también al particular séquito que lo acompañaba. Todos quitaban el barro de Muy Rural abriendo paso; primero el hombre de lata hizo ruido, mientras aceitaba su boca con unos brebajes cortesía de la casa. Luego el espantapájaros tenía un cuervo asomándose justo en la cremallera, la tabernera, lo quitó de ahí para al día siguiente cocinarlo, ofreciéndolo como Faisán al horno, (¿cómo le quitó las plumas?, ¿Estando vivo?, ¿Le dejó caer agua hirviendo?, quien sabe). Por último no podemos olvidar a Corazón de León, tiritaba por su alcoholismo crónico, con astucia le hizo tragar vino del más corriente con un trozo de mierda revuelto (era secreto para dejar el vicio), porque en su interior ella era noble y mística, ah, y ¿Toto?, Toto era invisible, pero sin dejar pasar el detalle lo descubrió lamiendo dentro del plato de la gata negra angora que no se le separa.
Es verdad que la causa de muerte más común en el pueblo es la cirrosis. Pero, nadie es perfecto(a), ¿y quien es ella?, Nadie, mucho gusto.
Se alejó el gigante forastero prometiendo regreso; libaré las margaritas de sus mejillas, coronaré con un hidalgo beso el lunar en medio de su escote insomne, será... sin cortejos ni avisos- dijo -.

lunes, abril 17, 2006

INQUIETUD TRISTE


Lo inesperado/errático que pareciera distar de estático, si muy estético, allí radica la pena de la señorita.
Ella duerme, a saltos de memoria, lagunas disueltas con pedradas ‘patos’, haciendo nuevos círculos sin sonido.
Y su reflejo... y sus muchas ‘y’, y sus muchos ‘y eso...’.
La búsqueda de respuestas a su mundo extraviado, el corazón que se le muda sin previo aviso, el porte diminuto más araucano que europeo... Por una parte... casi por fuera.
Lo complejo le habita bien dentro, tal vez entre un pedazo gris y nervios, sí yo creo que los nervios son lo más común en ella, esa ansiedad que lleva marcas de chocolate y dedos ‘emanjarados’.
Lo mucho que quisiera. Dolores e incapacidades, limitaciones de su mente que no es más que piel y boca.
Habla sola, diciéndose a sí misma: libertad.
Mira una nube, y trata de culparle, recuerda bromas de príncipes, tiempos lejanos, un suspiro hondo y un ‘algún día’.
La pobreza convertida en actitud humilde, mil reproches no hay autocompasión, en defecto ideas suicidas por estancamiento brutal.
Seguirá pensando que escribir que: ‘lo imposible existe’, es un ideal ‘rebuscado’.
SABADO.
Pulsaciones, o impulsos...
Quiero escribir... temblando...
Una risa ... cuesta kilómetros de juego serio.
Un ‘no lo creo...’ atesorado,
una palma sobre el rostro sonrojado/extasiado.
Daré vueltas, él lo hará,
en pensamientos inversos alados.
Mecanismo extraño,
Cuando ahora estás,
Y yo quiero huir hacia ti.
Motivos, razón sin tiempo.
Triste, vulnerable por una
Coincidencia hurtada.
¿Cómo decir que temo?.

miércoles, abril 12, 2006

LA LUZ NO SE APAGA.


Café supliendo vicios para vigilia, arrastrando candor de pómulos, libros en abandono, y no sé de quien es la culpa.
Arrastrar, caer enredados, la antología se asoma, se compone la rebelión en estados destruidos, barricadas parecen tus labios de bosque.
Pido un rincón de tu cama, sea mi nido, encontremos lo perdido, colmemos vacíos.
Recordar en pseudo rimas empedradas, empolvadas, costumbre tiznada campesina, de una ignorancia que solo conoce vuelos sentidos en deseos extranjeros, viajeros.
Si fuera culpa de la lírica... si todo fuese responsabilidad de ‘dos’ más un minuto cincuenta y ocho segundos... nada tendría valía... el ruido ambiental, parece una coincidencia... en frecuencia modulada... repetida en ecos de mandíbula ágil... de precisión pluvial... se lava el fondo para llegar a orilla con secretos perlados...
Mientras otras notas suenan... te miro sombre el hombro moreno, sin cubrirme, abrazando con celo tus piernas... esperando... que no sea solo la premonición del sueño.

lunes, abril 10, 2006

AMARILLO Y UN SUEÑO.


El lugar se pinta con fea letra... Concreto ajado, torres desaparecidas efecto movimiento del ‘39’, pocos santos, un gomero que asciende a las alturas como dice el cántico.
Recipiente sagrado irracionalmente seco, regreso veintitrés años, una cabecita mojada desencadena llanto, es ‘presentada’, liberada de su primer ‘gran pecado’, sin saber asume conversión... para luego controversias de aquel tipo...
Un pasillo lustroso, bancas donadas por un antiguo convento. San Sebastián herido, cómplice de quien sabe qué ‘pedido’, concedido, no cumplido.
‘Alguien’ se acerca al pueblo, es ella la que pertenece allí como esclava no siempre infeliz. El paisaje al rodar y los chicos trabajan sobándose las manos, cortando varillas de olivo, para un lucrativo domingo de ramos. Ella vuela y piensa en cómo matar los instantes a destiempo.
Pan honesto, palabras incrédulas jurándose a sí mismas futuro vacío. Un cambio cardíaco, vino sangre alborotada, sin ser por ahora bebido.

viernes, abril 07, 2006

LA NIÑA DULCE




Nació en diciembre justo cuando en casa maduraban cerezas confitadas
Fue criada entre amor de familia desequilibradamente azucarada
Desarrolló una personalidad inquieta caramelo
Miraba con ojos tiernos de miel
Se enamoraba en colores de jarabe
Sus pecados eran bombón y golosina
Pero la niña se hacía mujer dentro de una burbuja almíbar
No probo otro sabor y desconoció el resto del mundo sazón
Y murió entre arándanos y fresas
La enterraron entre cañas y mazapanes
Las hormigas se alimentaron de su sangre glucosa
Se fue el ángel merengue azúcar flor
Prendada de una nube rosa/algodón.

martes, abril 04, 2006

1996/ Dulce Veneno


Cinco años atrás, despertando el cuerpo al amor, los ojos nuevos por la emoción, este trozo lo traigo seco y te lo cuento.
Horizontes, la estela de humo mientras a contraluz me observabas sentado, un dinosaurio cantando grunge, así..., ¿será que lo triste es perfecto?, lo era para nosotros, lo intenso, bifurcados sonábamos idílicos.
La humedad, el desorden de tu cuarto vacío.
Mil veces quise volver allí, oler profundo tu leñadora de ‘obrero’, y nuevamente todo negro.
Mi mundo... y mis zapatos viejos... y el pelo enredado al viento, las manos, un adorno austero... unos dientes en el recuerdo... bajando por mi dedo aquel círculo.
Y siento que no soy mucho y tú ahora eres ingeniero, y el bajo en casa de tus padres se olvidó de ruidos, de música sabe menos.
Rodar, rodar...¿ te conté que me gusta caminar mucho y ahora no fumo?
Sentí mucho lo de tu madre... pero me conoces... fui al entierro, no me viste estaba lejos, es que alguien me enseñó por ahí a esconder lo que siento.
Este número lo conseguí con Eduardo, tu primo, por casualidad entró al local en el que trabajo medio tiempo...
Disculpa el crash de mis dientes es que estoy comiendo turrón, para la ansiedad y la distracción de la reacción innata ante tu voz raspada (absurdo efecto).
Aún sigo aquí, parece que estás sorprendido... ah... espera me ha dado hipo, tengo la mano en la boca y no me paran estos saltitos...
¿Podría pensar en juntarnos?, arrastro un pedazo de historia grande, de cuatro años ( pequeñito... )
Imposible... que te enfades imposible... caí en espiral cuando te fuiste lejos... pero que hubiera podido hacer contigo, la libertad desde tus entrañas... a la ternura, la preocupación, diles que en este minuto no te invadan, él cree que su padre volverá a verlo, que siempre lo quiso, lo amó... y lo protege aún en la distancia... como un guerrero sabes...
Hoy me sentí como idiota, casi devastada, me dio por llamarte, no conmoverte, ya sabes, hace algún tiempo, alguien me enseñó a no mostrar las emociones, pero yo lo hago desde lejos.
Se me acaban los minutos, sé que estás bien... ah... tal vez... pero no me escuches, a veces alucino, una balanza: turrón, veneno... ya veremos lo que pesa, te dejo un beso...
Una manito aquí dice que te diga adiós, con témpera te ha preparado un fresco...,¿ te esperamos quieres verlo?.
Los Copihues # 458 Villa Cordillera Coihueco..

lunes, abril 03, 2006

PASO.

Me sorprendes, aún esperando..., derriba el encuentro un mito.
Qué más quieres que diga, si te he dicho que he aprendido a mal vivir, un juego insomne de saltos por entre lagunas de mi memoria.
Disculpa... si no soy delicada al razonar mi franqueza, se arquea mi espalda herida sintiendo el eco de tu aliento... no me tocas, me das vahos que desafían lo que pensar no quiero.
Mientras mi cabello aún destila, me cubro de tus palabras de cruel promesa, axiomática por ‘donde se le mire’, me bloqueas y agilizas, con un silencio, una mirada como puñal certero...
Hoy... comprendo las notas que murmuraban tus labios fruncidos y húmedos... siempre escuché mi nombre tan profundo como infinito... todo lo que creaste se quedó en mi eternamente.
En mar fecundo y ambarino nadarás atrapándome, arañando, sintiendo, sin cercenar más que el frío exilio.
Soñaré entonces con molinos... y tus brazos como aspas firmes cortando las brisas adversas convirtiéndolas por mí en besos.

sábado, abril 01, 2006

ASONANTE PERO REAL


Algo en el aire que oxigena... los pulmones del sentir... No podría definir¿Tres palabras?; sencillamente ninguna, no puedo amarte en palabras¿Entregar o recibir?, uno de los dos o ambos pero sobra el papel. Se arrebata la piel y el corazón se vuelve atrevido, la voluntad completa se enajenaesperando que no me vuelvas a soñar, desde hoy te invito: Víveme.
Principio. /Ahora.
****************
Mejorar o agravar... es que la pena es parte de la realidad construida para mentir. Si supieras que eres imprescindible no temerías tanto, la mediocridad no es tuya, puede ser que la use en tu contra para mi favor.
Fin/Lejos Ayer.
*****************
ACTUALIZADO... Total, más no definitivo.
Aprendí a reconocer días felices y vivir noches emocionada desde la garganta hasta los labios.
Esa mañana... despertar con la frase perfecta jugueteando en la punta de una lengua/plataforma:
‘Como+man-za-ná+enla+bo-ca’ (cantadito, como un para bien, por el estado feliz, por el entorno florido, pintoresco, rústico y amado.
¿Será que enamorada me vuelvo menos violenta? (que la frase quede entre nosotros)
Desde la ventana y sus barrotes carceleros (que me dicen: RESGUARDO), me siento ATRAPADA, miro hacia fuera me conmueve el pasto seco quebrajado, me identifica el rocío, su bondad inexplicable, día a día lo baña en ternura, empeñado en cuidar lo que un soplido y una lluvia gris acabará en restos del pasado.
Estas mañanas de otoño humedecen mi pelo con su neblina, mis ojos también se nublan pensando en esperanzas.
Alguien dijo: ‘Éste te lleva para siempre’, pero éste me ama y me lleva lejos, tanto así que ni yo misma me encuentro, volvemos por lo mismo a alejarnos.
‘Por Dios que mujer tan triste’, luego una corrección/contradicho , ¡No, es en extremo sensible.!
Hoy no quiero explicar, disparar, menos explotar.
Repasaré en silencio lo que siento, porque sentir demasiado no es prudente.

jueves, marzo 30, 2006

DE MÁS O MENOS....


Léeme sin prisa... para entenderme en algún párrafo;
Blanco nieve/quemando.

Repásame sin urgencia, luego resume lento;
Lenguaje mudo de hojas-braille.

Soy cuerpo árido, esperando ceder;
bajo tu poder de ojos, libres-lloviendo.

Escalofríos de ansiedad moviendo dedos;
brazos remando, haciéndome a tu orilla-fértil.

Vorágine que nace en tu pecho, perdiéndome hasta atraparme;
Vía-sin-escape.

Tu aire generoso purifica exhalando sobre mi belleza desnuda;
Tenue sin tu luz.

Encandece mi alma privada de matiz;
Píntame esta tarde con tus raíces extendiéndose en tornasol.

Carne deseo, ternura adhesión combinada;
Silente entre risa y lágrima.

martes, marzo 28, 2006

Elena ‘La Loca’.


Sé lo que piensan, me importa poco, tal vez nada, como diría él, una raja o una mierda.
A mediados de febrero con mi madre nos damos el trabajo de recolectar guindas, para preparar nuestro brebaje preferido en días gélidos, húmedos y largos de invierno sureño. Me gusta esa tarea porque hasta la siento conciliadora. Contactamos a un viejito que trae Aguardiente de ‘Los Cerros’, si me interrogan respecto de los cuidados higiénicos, mi cara sería reflejo de indiferencia, el sabor, el costo me basta, unos cuantos ingredientes secretos, el líquido burdeos dentro de la botella casi hasta el gollete para luego sellarla con lacre, me preocupo de etiquetarla, no debo olvidar que solo hasta dos años será posible saborearla.
Empolvadas, en orden, forman parte de nuestro tesoro renovable, alimenta nuestro vicio, que justificamos como antigua tradición.
Cuando mi madre se ha dormido, eso sí, respetando la entrada del invierno, día por medio hurto lo que se traduce justo a una cucharada de Enguindado, me la llevo a la boca la saboreo dieciocho segundos, es lo que demora en cambiar de temperatura, y la trago, doy tres giros abrazándome el talle, nunca más, un salto hasta tocar el techo de la cocina, me arranco como si mi madre me hubiese oído y me encierro en mi cuarto.
En cama, al sentir que mi cuerpo vuelve a estar helado como acostumbra, me quito la sábana rosa de la cabeza y trato de percibir hasta el ruido de la llave que gotea en el lavadero del patio, el ronroneo de Lucho, el gato de mi madre que después de la muerte del viejo no deja de dormírsele sobre el pecho, el día que deje de hacerlo tendré que matarlo, para asárselo a ella, en realidad para curarle el asma casi crónica.
Sé que pronto llegará mi hermana, porque la televisión culminó sus transmisiones, han de ser las dos de la mañana, enciendo mi fiel y vieja radio, para que se deje oír la chicharra que es sinónimo de mi estúpida presencia, me pongo el abrigo negro de piel sintética y salgo por la ventana, me encargo de guardar sepulcral silencio, Karenina está dormida, yo más tranquila, Omar su novio está a dos cuadras de casa, frente al sitio abandonado, esperándome con su mejor sonrisa y el pantalón a la altura de las rodillas.
A mí me sienta bien la locura, me queda bien ver a la cara de mis parientes y vecinos con la mirada extraviada e inocente, por las noches tener un hálito de alcohol suave, mañana... brindaré... por un feliz cumpleaños, seguiré moliendo mis medicamentos para abonar mi planta de la risa que ya tiene un metro de alto, limpiaré sus hojas de siete puntas, la regaré cada tres días con mi orina verdosa e infértil.

sábado, marzo 25, 2006

MAÑANA



Lavamos angustias bajo sombras de llantos que arrastran olvidos para siempre.
Seguiré tu voz de canción sendero infinito.
Párpados que saludan al abrirse a tu luz; una vez más, como caudal impetuoso.
Mientras amanece hacernos el amor azul, no pensando.
Te siento, mientras se me hunde tu cuerpo transformándose en fuerza de cadera.
Muero, al rozar tus labios de muerte.
Te arrodillas como un relámpago impúdico, que me atraviesa y calcina.
Mujer dentro de mi alma, flor divina de fuego.
Mil latidos... calor de abdomen, abrazos de lengua.
Te sueño boca arriba; entre deseos de carne adentro, rocío... jardín de mariposas, sangre en polvo, de heridas sanas.
Arco iris multicolor;
Cobijado en besos de tus ojos verdes en sintonía.





miércoles, marzo 22, 2006

A la vaca ya está acá.



E la vaca ya se fue
I la vaca está ahí
O la vaca ya llegó
¿U la vaca?, ¡maldita vaca!.
Empezaba la noche y aumentaba mi desesperación, enterraba los pocos carbones del bracero que encendidos daban calor al muladar, tomaba un chaleco para cubrir mi espalda raquítica, subía las calcetas inútilmente porque se caían a los diez segundos.
Ella pateaba todo a su alrededor, un nuevo golpe y terminaba con la banqueta chica en la que durante su ausencia podía usar. Me tomaba de un brazo apretándome los cueros, y no podía quejarme, ¡hay de mí si me quejaba!, escupía insolencias, me maldecía, en medio de eructos fétidos de alcohol fermentado. Me arrastraba del pelo, por hábito normal abominable, me empujaba por el corredor, hasta encontrarme en la desgracia, al acecho el viejo repugnante secaba su boca espumosa y me tiraba al piso de la leñera tétrica, me arrancaba la ropa, que aunque harapienta se encargaba de descoser en un nuevo lugar, diciendo: ¡ ven acá puta mañosa, ¿te gusta que te meta mi palo?, entre risas de verdugo macabro más que diablo.
Intentaba poner mi mente en blanco, pensaba en el color blanco, repetía, blanco, blanco, blanco, hasta que el viejo terminaba de tocar sus vergüenzas, tomaba entonces mi ropa, él me daba una patada fuerte, me entregaba una botella de ron, la misma que esperaba con impaciencia la señora en la esquina.
Así volaba yo por la calle, hasta que le entregaba su provisión del día, la misma que la mantenía alejada del rancho, hasta que llegaba la noche, y dormía hasta la tarde del otro día.
Ese día me levante temprano, no había sol aún, en la verdulería llegaba mercadería fresca, había que armar atados de acelga, trenzar ajos, y sacar lo podrido para reponer. Me pagaron bien, compré una botella de ron, y dos bolsas de carbón, con la misma bolsa prendí fuego, le entregué la botella a la vieja, la bebió casi de un trago, se durmió, tome la única ropa limpia y me cambié.
Tire el mantel plástico al fuego, tomé algunos diarios, dejé ropas en la orilla del bracero, cerré bien la puerta, caminé, caminé y caminé, hacía frío, los árboles se movían, y miraba el torrente turbio, pensé: blanco, blanco, blanco, blanco, salté; blanco, blanco, blanco, secreta llanto la ubre... blanco...

sábado, marzo 18, 2006

Vuelan mis mariposas...


Distracción por decirlo así, por utilizar palabras ajenas, para aparentar juicio, finalmente sin haber caído en el juego de los consejos, el corazón sigue su camino, blando/espinado.
Así es, así será, hasta el momento solo he oído igual, he vivido para comprobar. Con vehemencia, confío en que un error sabido y propio se paga caro, duro, ¿pero por qué cargarlo por tanto?, casi una semana, no es burla para los tristes, (pero mis plazos son auto-castigo, suficiente, me quiero mucho y también me mimo).
Tú e entiendes, tocaré por última vez el tema amargo, sin decir que por eso lo olvido, cuesta más que un soplido y una risa, ya sabes lo que me raspa, me duele, me eriza.
Y así niño, hombre querido, hago lo que no imaginas, y soy quien no conoces, no digna de altar, ni de velas o cirios (eso es broma hot), ya sabes el tamaño no importa.
Con los ojitos brillantes los pómulos rosados tal vez por pies fríos, algo se entibia en este cuerpo y no tengo por qué repetirlo, si te decía el otro día; hay veces en las que uno espera que la ‘pareja’, sea intuitiva, al menos astuta, y cumpla con lo prometido, comprensión ‘empatía’, ponerse en el lugar del otro, inventar una salida, que empañe de amor los vidrios, de sudor el ambiente frío.
Tómalo como indirecta, es que ya me estoy acostumbrando a los mensajes largos, ‘explicativos’, aunque pensé que la palabra no existía, el Word me sorprende, me enrojece lo sencillo, lo sencillito, ¿ves que no acepta los diminutivos?. Dejo pasar el tiempo, haciendo lo que quiero, aunque el lunes sea duro, seguiré escribiendo aquí, porque la letra en desorden no dice mucho, ya sabes me gusta leer en la mente, si quiero decirte algo profundo me emociona la voz, vamos, entiéndeme.
Iré concluyendo porque apuesto que te duelen los pies al final del día, (trabajo ‘parado’), ciertas exigencias y una actividad mañana, exigen tu descanso para que estés fresco bien temprano.
¡Ah. !, previo a que pongas la mirada cursi, te aviso; antes de partir el domingo un beso demando/obligo, que sepa a frutillas frescas de esas que me regaló alguien sin interés el viernes, ¡la cagó!, se me sale lo vulgar, es que jamás creí que el juguito rojo endulzaría tus labios, como para segunda vuelta, con tanto ánimo y pérdidas de cuentas, ya sabes a que me refiero, ¿eyaculación precoz femenina?, pero con vuelta y revuelta, invicta uno a tres, once a dos, empate, visita, esperando el: ¡otra vez. !.

LECHE Y MIEL.
Cuencas insomnes,
Manipulo tu nuca divina;
en dirección de caminos polvorientos,
Olvidados por tu piel traicionera.
Te auxiliaré mi amor,
aprenderás sin memoria,
Robarás como estreno lo que estos miedos
Humanos nublaron entre ambos.
La necesidad se hace grande,
Ya no puedo obviar ciertos juegos:
Saltos de dientes, danzas de lengua,
Enredos de carne entre uñas azules.
Fusión congénita al presentirnos,
Más que heridas, más que huellas,
Más que la pesadilla,
Desecha bajo luna llena.
Tus quejidos me conmueven los huesos,
Pensé costumbre en el olvido,
Entre un suspiro sin aliento,
Salvaje/lúcido construyes nuevo destino.
Cada rincón;
Colmaré de roces lentos, besos tendidos,
Sin final para explicarte cuando nacieron,
Cuando terminarán de sorprenderte.

viernes, marzo 17, 2006

Hacia el sur de mi recuerdo


Recuerdo los días largos de invierno, los perros tiñosos y las liendres en tu pelo opaco, tus manos heladas y como jugando a tocárnoslas tratábamos de espantar el frío púrpura de nuestras pieles sucias.
Nunca olvidaré tus manos... en los ojos de otros niños, veo los tuyos, más no encuentro los míos, te recuerdo helada, aterrada, y tus manos... tu malvada tía que de vez en cuando se encargaba de dejarlas rojas con una varilla, una tabla o con sus propias y ásperas palmas.
Yo no estaba ajeno a tu dolor, te abrazaba sin decir nada esperando a que te calmaras, soplando tus manos... Aunque tuviera mis orejas ardientes luego de que mi padre me las estirara o apretara por gusto, por hacerse respetar, gritando, alardeando ebrio.

Acá en esta ciudad gigante, extraña sin pisos de tierra sin pies descalzos, sin embargo con tantos niños mendigando como algún día tú y yo lo hicimos, me acuerdo de los zapatos viejos roídos que encontramos en un basural en una de tantas correrías por ahí por allá. Cuando pequeños nuestros pies medían lo mismo e intenté calzártelos, te negaste, y cómo reímos sobre los escombros cuando me diste tu razón; no son de niñita, mientras hacías un puchero y cruzabas los brazos.

Siempre traté de cuidarte, la garganta se me seca al desenterrar la tarde en que el viejo del almacén pretendía quedarse contigo a solas, mi corazón latió más fuerte que nunca, algo me dijo que tenía que sacarte de allí, de algún modo te salvé de lo que pudimos lamentar, de seguro nadie se enteraría, me hubieses rogado llorando que callara lo sucedido.

Recuerdo el hambre, la desnutrición, la soledad, tu compañía... la maldad nacida de la ignorancia, como cuando unos hombres sabiendo nuestros deseos de comida me dieron harina tostada revuelta con vino, y cómo bebí sin respirar engañado por el dulzor, te recuerdo a mi lado, observándome vomitar, llorando ambos de rabia, tus besos en mi cara, casi sorbías mis mocos, tu rostro delgado compasivo, me peinabas, movías mi pelo, despejabas mi frente con cariño, con tus pequeñas manos.

Tengo tantos recuerdos de tu nombre... La noche aquella en que encontré el sentido de tu delgadez, los huesos de tus caderas hundiéndoseme fundidos, tu fragilidad, tu delicadez natural, tu gracia, tu pelo liso ahora limpio, tu piel suave de leche, tus labios apretándome, tus pechos perfectos, tus nalgas firmes, las vértebras de tu espalda, tus lunares preciosos, tus ojos negros, las margaritas de tu cara, tus pestañas largas, tus susurros, tus caricias, tu espera, tus movimientos, tu lengua húmeda, tu sexo botón deliciosos entregado en miel transparente, tu pureza, tu inocencia, y en mí tus manos...

Yo era feliz... estoy seguro...

Aunque ese año no nos encontramos con regularidad siempre te sentía cerca, aún cuando no me llamaras todas las semanas, en una ocasión no me visitaras estando en la misma cuadra, y en una carta riendo con la crueldad que amaba en ti me lo contaras
Eras toda misterio, yo soñaba dichoso en mi cama que era tuya admirándote a contra luz. Tus proyectos eran personales y herméticos, pero respetaba tu intimidad, cada uno de los míos tú los habías motivado, no gestado claro está pero en ellos estaba mi alma que tenía tu color.

Por la mañana en mi celular tu voz sonó normal, e ignoré lo que pretendías, reconozco mi bobería, jamás comprenderé por qué esperaste hasta ese día para decirme lo que aún no digiero.
Llegué al Aeropuerto imaginando tu llegada, tal vez con muchas maletas o bien solo con el poncho sobre tus hombros, nada de eso... te vi irreconocible, con el pelo tomado, gafas oscuras, maquillaje sobrio (jamás te había visto pintada), vistiendo pantalones de tela, blusa escotada, un abrigo sobre una maleta mediana con ruedas, una cartera en tu brazo derecho, tenias un aire triste y a ratos esquivaste mis ojos que adivinaban la humedad de los tuyos. Te sentaste, yo lo hice a tu lado, me pediste que no te entendiera, solo que te respetara, me dijiste que algún día regresarías, que jamás me olvidarías, besaste mis labios temblorosos, te supliqué porque no te fueras, me arrodillé y besé tus manos...

El altavoz anunciaba tu vuelo, la neblina se adentraba en mi corazón, tú te alejabas por el pasillo de embarque, tú a metros de mí, yo a metros de ti, lo último que recuerdo de aquel movimiento tuyo de adiós... tus manos...

martes, marzo 14, 2006

Sinceridad... no está mal


La voluntad, disminuida porque un suspiro largo me ahoga,
en esta cama...
La cabeza en remolino; girando en pensamientos alados, torno a tu presencia de cruel recuerdo.
Una, una y mil veces parezco despertar de esta trampa propia; masoquista.
Nada es cierto.
Me siento tan diferente, pero no me conforma el juego de buscarte nombres,
si para mí eres color definido;
azul enrojecido.
Esas cosas mías, es que de gustos no hay nada escrito,
para recetas de amor, menos.
Ah... tus versos cortitos cargados de deseos,
mensajitos ocultos entre migajas de una panera;
a las siete de la mañana cada domingo.
Son cosas de la vida, podría justificar,
pero soy franca, se trata de la mecánica rutina.
Apuesto que ignoras mi horario preferido para amarnos en cuerpo,
te cuento... por las mañanas no a la madrugada;
mientras en casas aledañas el aroma de carnes y caldos se mezcla con sabores dulces y salados de pieles ardiendo adobadas en lascivia.
Tus regalos;
los besos pegados que me dabas o que te he robado.
La saliva entre tus dedos
la sangre más allá de mi boca; la emoción conmovida ante el desenfreno tan real y cuerdo.
Tu barbilla cavando heridas hondas de besos violentos,
mi brassier suelto y mis encajes de lágrimas insondables.
Pero aún te amo;
leche y toronjil dice mi madre, para que me brote tu peste de cristal precioso incrustado al fondo.
Y todo es poco, ha sido poco o nada, es todo, sigo incontenible...
Disculpa, no es sumisión, ¿Cómo debería llamarte?, Tú, amor, fuego?, azul/cielo infierno?.
No me pareces, no eres nada nuevo, a nada huele tu ausencia, me amarga el corazón el veneno de este olvido.
Cuanto frío un día, cuanto calor y pasión logré sudar por ti.
Llegaste a mi costa, para beber el rosario de desamor gota a gota,
hoy has vuelto a dejarme seca en un adiós callado,
más lento que este siglo vacío.

sábado, marzo 11, 2006

PRESENCIA



Basura dentro de mí
Espina pentágona
Viajera entre nervios y carne;
No te desvaneces ni afloras
Cuando te lloro en noria;
Intencionalmente para alejarte
Limpiándome por fin de tu presencia
Punzante.
A veces tiemblas
Te siento como tímpano destrozado
Que duele y desconcierta;
Desequilibrando mi totalidad;
Sin oír más que tu zumbido
De vendaval escalofriante.
Confesaré hoy que te recuerdo...
Cómo negar tu presencia
Ante el resto
Si soy transparente;
Como tu mirada de hielo austral
Quien pasa te ve en mi adentro.
Quisiera por fin exhumarte
Contemplándote en mi palma
Sin angustia o rencor
Amor que duele
Adiós Para siempre hoy